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Estaba totalmente convencido de la culpabilidad de Markus Kiusak. Emma tuvo que conseguir pruebas. Seguramente nos ha estado siguiendo y estaba al tanto de nuestros movimientos. Ahora recuerdo el coche aparcado en la acera, enfrente de la casa de Margaret; con seguridad se trataba de él. Su casa no está lejos de la Nel y por lo que sabemos pudo huir esa misma noche. Casi con seguridad nos vio instalando el olfateador. Pudo acercase para eliminar alguna prueba; quizás dejase huellas u olvidase algo que le pudiese incriminar. Fuese como fuera estaba claro que estaba al tanto de nuestra investigación y por lo tanto no le interesaba en absoluto que en el laboratorio consiguiesen algún tipo de indicio que le incriminase. Para él no fue difícil manipular el depósito del combustible. ¿Quién podía hacerlo mejor que un técnico en instalaciones de calefacción? Solo tuvo que simular una rotura de la tubería de combustible en el lugar preciso para que este llegase a los cables eléctricos que producirían la fuente de ignición. De no ser así, ¿por qué no iban a salir del laboratorio? ¿Por qué permanecieron dentro resguardándose bajo una mesa? Estaba claro que alguien se encargó de bloquear la salida. Nunca debieron dejar en libertad a ese psicópata; ahora estaba fuera de control, tal vez se encontrase a muchas millas de distancia en otra ciudad. Ni siquiera teníamos una orden de arresto contra él. Las leyes estaban totalmente obsoletas; se redactaron en otros tiempos, cuando las personas las infringían con un propósito determinado; nadie mataba a una persona gratis; siempre existía un motivo. En la actualidad la mayoría de asesinos son personas trastornadas, psicópatas que disfrutan quitándo la vida a otros seres humanos. Su única motivación es la de ver cómo sus víctimas dejan de respirar. Estas personas son muy inteligentes y pueden pasar años camuflados entre el resto de ciudadanos, esperando el momento preciso, acechando a su presa como una alimaña.
Aún disponíamos del equipo; la furgoneta aparcada a unos metros del laboratorio quedó intacta. Después de las diversas pruebas que realizamos, tanto Jimmy como yo estábamos capacitados para instalar el aparato. Con suerte obtendríamos la información necesaria para incriminar a Markus; después solo tendríamos que enviársela a la agencia nacional. En esta ocasión mi compañero estaba totalmente de acuerdo conmigo. Teníamos que realizar toda la operación antes de que el pueblo se llenase de periodistas y detectives.
El pueblo entero acudió al entierro; entre los asistentes ya se encontraban algunos periodistas locales. La iglesia estaba a rebosar; algunas personas tuvieron que aguardar en el exterior. El señor Ladislao dio un sermón incendiario hablando sobre los criminales y buscó ejemplos en la Biblia, y también habló de impartir justicia. «Cuando las leyes amparan a los criminales, los hombres de buena fe debemos de obrar de la forma correcta impidiendo que el mal se salga con la suya». Yo no soy una persona religiosa, pero estas palabras comenzaban a calar en mi corazón. Lo más duro fue dar el pésame a los familiares, sobre todo al padre de Brandon que lloraba desconsoladamente. Una vez terminada la misa, los féretros se trasladarían a pie hasta el campo santo que se encontraba a unos quinientos metros, y para ello la comitiva fúnebre atravesaría el pueblo de punta a punta por la calle central. Aprovechamos este momento para instalar el olfateador. Mientras que ciudadanos, fuerzas de seguridad y periodistas caminaban hacia el cementerio, nosotros nos apresuramos a realizar las pruebas entre los escombros del laboratorio.

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